13/02/2026
Cabalgamos. Cabalgamos es la estepa, la llanura mansa el desasosiego. No cuentes lo que dice el libro, no abras la cámara de los secretos, el gabinete de curiosidades, la seducción, el pliegue. Dejá que latinta corra, se derrame, desborde. Proponeles un límite.
Proponeles un pacto
Un guiño, una complicidad
Proponeles una traición
para que el conjuro sea efectivo, para que el poema siga, para que al final sea todo bastante parecido, pero riéndonos en un bar.
El año del coma despliega el así llamado materialismo salteño o materialismo varguense. ¿De qué se compone ese universo? ¿Dónde el rastro efímero, dónde la materia reciente que deja su estela? Como una herida que va perdiendo líquido, sutil, esquiva. Una materia fugaz y grandiosa, como quiere el epígrafe, como queremos la materia. Es el equilibrio la destrucción en que nos hallamos, cotidianamente. Una materia hecha de grandes cosas, ambiciosas, destartaladas, vamos. Ojalá que no desatentas a lo que hay al costado del camino. ¿que lo grandioso puede ser fugaz? También.
No aumenta la belleza
ni la quita, aunque
la tristeza tiene un brillo
que no se le parece
a nada
Es la vida reclamando
algún lugar
Caramelos, tuberculosis, ejércitos que vencen tras oír una zamba, ciudades trazadas por los ángeles, carcajadas feministas, relámpagos vistos desde dentro, esos que creía Benjamin producían el conocimiento. El inventario es imposible cuando se trata de lo más banal, lo que atraganta a la niña, aquella que No puede dormir porque los sueños no la sueltan.
El año del coma, que si esta tarde cada quien se lleva su ejemplar, hallaremos entre los incunables de la serie “los de la pandemia”, el año del coma habla en femenino en tanto que universal. Convoca a la voz de una generación, le habla a la niña, le habla a la niña del futuro.
Está bien pequeña
si ignoras el fuego por un rato
El relámpago visto desde adentro
será tu lengua nadando
Igual no cuentes tanto
Proponeles un pacto.
Cabalgamos. Vemos que la niña se acerca y dice: no es una promesa, es una orden.
¿Qué ordena? Robar donde nadie espera, llegar hasta mañana, tomar ese helado de estación que nos prometimos. Como el gato que se despierta, deja la urgencia en el n**o/ del sueño/ sabe que a este mundo/ se llega con delicadeza.
¿Cuándo más se pone imperativa? Cuando dice que Cielo / necesita cielo, que es lo mismo que decir, Tiempo, niña cabalgata/ Necesita tiempo. Cuando pretende llamar a una madre y que atienda a una mujer, cuando pretende oír, escuchar, sentir, si alguien llega/ o alguien se va. Cuando reconoce la inocente domesticación de la vida.
Que nadie cuide su caricia
por temor a romper, me
dice y lloro
no puede ser una
manera de vivir, de nuevo
el infinitivo
Le voy a decir recuerdo
para que me acompañe
Cabalgamos. Ha oscurecido es la noche la estrella. De las marcas nimias, hablá. De las que te evocaron la atmósfera de los primeros años de facultad, la casa de la fructuoso rivera, ustedes estudiaban con cráneos yo con fotocopias y todas con criollitos de la Pugliese. Manejamos un nivel de extrovertidas del que ya no somos capaces, anduvimos por fiestas y hospitales, otros años del coma, y en esa contaminación en ese cuidado algo de la poesía fue posible.
Algunas casas ciertas tienen
la facultad de atrapar fenómenos
y devolverlos
al mundo casual
para atentos e insomnes
de luz de día
Después, las torsiones, aquello que acontece incapaz de soberanía. La poeta reconoce y en medio de loque respira/ sin esfuerzo volvieron/ como recién llegadas/ las plantas que vivían/ con tu penúltimo amor. Más acá de toda soberanía, dice que Prendemos velas/ para creer en dios ¿guiña al performativo, al Foucault de los modos de subjetivación? ¿Prendemos velas para creer en Dios? Las apaga el viento, dice, que es más intuitivo. Porque al final, ya que estamos y como creía Nietzsche, qué sabe el hombre de sí mismo.
He escrito estas palabras como una manera imposible de acercarme a las tuyas, como una manera, torpe sí, de celebrar la aparición, de sentir la vibración, de palpitar a la concurrencia ansiosa por leer, incontinente por brindar, por darse a la pavada posterior. Como le gusta decir a María Negroni amiga, “así se atraviesa el desierto, así se avanza en el cementerio hermoso del poema”.
Gracias
Sole Vargas
Victoria Dahbar
El año del coma fue editado por Cartografías Ediciones, en Río Cuarto en 2025
marta.arce para .equipodepsicologia