09/28/2026
Esta semana ha sido difícil. 🤍
Hace una semana despedí a mi abuelito y, al mismo tiempo, he tenido que seguir trabajando, cumpliendo con mis responsabilidades y funcionando… mientras encontraba espacios para vivir mi duelo.
Y esos pequeños espacios los he aprovechado.
Desde acostarme un rato afuera, respirar y simplemente estar… hasta meterme en la sauna con todo y ropa 😂 para decirle unas palabras a mi abuelito, sacudirme, respirar y soltar un poquito de todo lo que llevaba dentro.
Porque a veces el duelo no necesita grandes momentos.
A veces necesita simplemente unos minutos a solas.
Y esta semana, mientras veía cómo el otoño comenzaba a transformar los colores de las hojas, tuve una reflexión que me acompañó:
Las hojas cambian.
Algunas caen.
El árbol se ve diferente.
Pero el árbol sigue ahí.
Y pensé en las personas que amamos y que ya no están físicamente con nosotros.
Quizás su presencia cambió.
Ya no podemos abrazarlas, escucharlas o compartir la vida de la misma manera…
pero el amor no desaparece.
Se transforma.
Siguen siendo parte de nosotros, de nuestras historias, de lo que aprendimos de ellos y de quienes somos hoy.
Como el árbol que sigue ahí, aunque sus hojas cambien, nuestro vínculo con quienes amamos también puede seguir existiendo de otra manera. 🍂🤍
Hoy estoy aprendiendo, una vez más, que vivir el duelo no significa dejar de vivir.
Significa hacer espacio para el dolor, para el amor, para los recuerdos… y para seguir respirando, un día a la vez.