13/09/2026
A U T O R R E T R A T O
Un autorretrato nunca es solo un rostro. Un artista elige desde dónde mirarse, qué mostrar, qué dejar en sombra y qué huellas de su historia hacer visibles. En psicología ocupamos la frase de Humberto Maturana que dice “todo lo dicho, es dicho por alguien, y ese alguien tiene una historia”. No podemos separar al artista de su obra, porque es ahí donde impregnó sus alegrías, sus dolores, sus relatos, sus historias.
En terapia hacemos algo parecido con nuestra autobiografía: volvemos a nuestra historia y observamos el retrato que hemos construido de nosotros mismos. Qué experiencias pusimos en primer plano, cuáles dejamos fuera y qué significado les dimos. Porque el cuerpo cuenta nuestra historia, pero también la cuenta la mirada con la que hemos aprendido a observarnos. A veces, necesitamos volver a mirarnos para descubrir que somos más que el retrato que hicimos de nosotros mismos, muchas veces permeados por dichos de personas que también tuvieron sus propias historias y en base a eso emiten juicios de la realidad; tanto positivos como negativos.
Siempre digo que la terapia es para gente valiente. Es mirar aquello que no es visible fácilmente, es análisis de un sí mismo frágil cubierto con capas de defensas. También digo que la terapia llega en el momento preciso que la requieres y dura lo que estés dispuesto a explorar/tolerar. A veces sucede de manera continua y otras veces de manera parcelada, en etapas. Porque el retrato de infancia definitivamente cambiará en una adolescencia, una adultez, o cuando nuestras arrugas empiezan a tomar protagonismo en nuestros rostros.
Mi rol; ponerme al servicio del artista que va a volver a retratarse de la mejor manera posible.