16/10/2026
El refrán que debe permanecer en nuestras mentes al abordar temas como el cáncer y la salud cardiovascular es uno de los más conocidos en nuestra región: más vale prevenir que lamentar. La prevención desempeña un papel esencial cuando hablamos de cáncer y salud cardiovascular.
A nivel mundial, el cáncer constituye una de las principales causas de enfermedad y muerte. Si a esto sumamos que las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de mortalidad en el mundo, comprendemos que el binomio cáncer–enfermedad cardiovascular constituye un gran desafío que requiere estrategias y directrices claras para su abordaje.
Durante las últimas décadas ha surgido el enfoque de la cardio-oncología, una disciplina que ha cobrado especial relevancia con la publicación de la Guía de Cardio-Oncología de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) en 2022. Esta guía destaca la importancia de evaluar el riesgo cardiovascular desde el momento del diagnóstico del cáncer, mediante la valoración clínica, el uso de biomarcadores séricos como el NT-proBNP, escalas de riesgo y la identificación de factores asociados tanto al cáncer como a sus tratamientos.
Por ello, la evaluación del riesgo de toxicidad cardiovascular relacionada con el tratamiento del cáncer es fundamental. Esta permite identificar de manera temprana posibles complicaciones cardiovasculares, como hipertensión arterial de nueva aparición o empeoramiento de una hipertensión preexistente, arritmias cardíacas, disfunción cardíaca o insuficiencia cardíaca, entre otras. Además, facilita la implementación oportuna de medidas preventivas y terapéuticas, así como la planificación adecuada del seguimiento médico.
Entonces, podrías preguntarte: ¿qué incluye la evaluación cardiovascular en un paciente con cáncer? Esa será la pregunta que abordaremos en nuestra próxima conversación.
Por el Dr. Joel Gúzman