15/09/2026
No sé si es que me hago mayor o si simplemente me está empezando a cansar vivir en la era de los extremos. (Y creo que no soy la única)
Todo parece tener que ser blanco o negro. Perfecto o desastroso. Saludable o tóxico. Un éxito o un fracaso. 🤷🏻♀️
Y, además, parece que todo merece una opinión.
Opinamos sobre los cuerpos de los demás, sobre lo que comen, sobre cómo trabajan, cómo envejecen o las decisiones que toman.
Hace poco veía cómo se criticaba a un divulgador por compartir una comida que llevaba azúcar. Porque, al parecer, si hablas de salud ya no puedes permitirte un capricho o simplemente un día diferente.
¿En serio queremos vivir así?
No somos máquinas. Ni tenemos que ser ejemplos de perfección las 24 horas del día.
Creo mucho más en cuidarnos, aprender, progresar y tomar mejores decisiones la mayoría de las veces. Pero también en encontrar una forma de hacerlo compatible con vivir..
Las redes pueden ser un lugar maravilloso para aprender, debatir y conectar. Pero también pueden convertirse en un lugar tremendamente agresivo cuando olvidamos que detrás de cada cuenta hay una persona.
Quienes tenemos un altavoz tenemos responsabilidad con lo que comunicamos. Pero quienes estamos al otro lado también podemos preguntarnos antes de escribir: ¿esto aporta?, ¿es una crítica constructiva o simplemente estoy descargando algo sobre otra persona?🧐
Y quizá todo esto no va solo de cómo hablamos a los demás.
Yo misma soy una persona muy exigente y cada vez intento ser más consciente de las metas que me pongo. Porque querer mejorar no debería significar vivir permanentemente sintiendo que no llegamos.
Quizá, en esta era de los extremos, una pequeña revolución sea recuperar los matices aunque sea por un ratito.
Hablar mejor a los demás. Juzgar un poco menos.
Y prestar atención a cómo nos hablamos cuando nadie nos escucha.
🤍