05/10/2026
Con 18 años, un comentario sobre mi cuerpo me cambió la vida. Y no para bien.
Empecé a controlar, a restringir, a castigarme… hasta que la comida se convirtió en lo único en lo que pensaba. Comer sin poder parar, sentir culpa, prometerme que mañana sería distinto. Y vuelta a empezar.
Tardé años en saber que eso tenía nombre: trastorno por atracón.
Hoy acompaño a mujeres que viven lo mismo, muchas sin saberlo. Y lo aclaro porque me lo han preguntado: no defiendo que estar mal sea estar bien. Defiendo que cuidar tu cuerpo no puede costarte la paz mental.
Se puede comer bien sin vivir en guerra con la comida. Se puede llegar a tu sitio sin enfermar por el camino.
Si te has reconocido, no estás rota. Y no estás sola.
¿Recuerdas tú el comentario que cambió tu relación con la comida? Te leo en comentarios 🤍