10/10/2026
A menudo miramos nuestras defensas, nuestros temores y nuestras dudas con severidad, intentando corregirlos como si fueran un error.
Pero el miedo rara vez es ausencia de afecto. La mayoría de las veces es solo un estado de protección: la coraza que construimos cuando aún no hemos aprendido a sentirnos seguros en la vulnerabilidad.
Amar sin poseer, permanecer presentes cuando el cuerpo pide protección y atrevernos a soltar la armadura no es un logro inmediato; es un aprendizaje lento, cotidiano y profundamente humano.
El miedo no exige ser expulsado. Solo necesita la calma suficiente para recordar cómo dejarse abrazar.
Cómo te relacionas con tus propias armaduras cuando aparece el miedo? Te leo en comentarios.