La terapia de campos magnéticos no se trata de magnetismo, sino de ondas electromagnéticas o, también de vibraciones, de frecuencias determinadas para, de esta forma transmitirle informaciones sobre objetos encontrados a su alrededor
(órganos, partes del cuerpo, etc.).Los campos magnéticos han demostrado su efectividad en muchas dolencias, por ejemplo: herpes (con desaparición rápida del dolor), neuritis, neuralgias, algunas parálisis faciales, asma, sinusitis, prostatismo, inflamaciones, algunas dermatosis tales como psoriasis y dermatitis atrófica… también en la inflamación de las hemorroides, adherencias post-quirúrgicas, eritrodermia y en oncología. Un campo magnético aplicado sobre un tumor o crecimiento neoplásico localizado retardará su crecimiento y dificultará su evolución. Posiblemente el campo magnético favorezca la liberación de sustancias que se oponen a su desarrollo, entre las que cabe destacar el propio oxígeno. En todo caso, la aplicación de un imán resulta beneficioso en el contexto de un tratamiento coherente o favorece la recuperación tras intervenciones quirúrgicas y terapias convencionales (quimio y radioterapia). Basta con aplicar sobre la localización del cáncer un imán de suficiente intensidad al menos una hora diaria.