22/09/2026
1. Cuando no dormimos suficiente 💤
Aumenta el hambre y se altera la regulación del apetito, haciendo más difícil mantener un déficit calórico.
Tenemos más antojos y tendemos a buscar alimentos más densos en energía.
Recuperamos peor y nuestro rendimiento al entrenar puede disminuir. 🏋️
Y durante una pérdida de peso, dormir poco puede favorecer que perdamos más masa muscular y menos grasa de la que nos gustaría.
2. Los alimentos “healthy” que comes sin medir: 🫒 🥜
Aceite de oliva, crema de cacahuate, nueces, granola, aguacate…
Sí, son alimentos nutritivos. Y sí, también tienen calorías.
Una cucharada de aceite de oliva tiene alrededor de 120 kcal. Un chorrito aquí + una cucharada allá + un puñito de nueces… y puedes terminar consumiendo bastante más energía de la que pensabas.
No necesitas quitarlos. Necesitas saber cuánto estás consumiendo.
3. Tus bebidas ☕️
Ese Pumpkin Spice Latte, chai o frappé que parece inofensivo puede traer una cantidad importante de azúcar y calorías.
El problema no es tomártelo de vez en cuando. El problema es cuando se vuelve parte de tu rutina y no lo estás considerando dentro de tu ingesta total.
Las calorías líquidas cuentan… aunque no se sientan como una comida.
4. Las probaditas que “no cuentan” 🍫
La mordida del desayuno de tus hijos.
La cucharada mientras cocinas.
Las sobras del lunch de tu hijo que te comes para no tirar comida.
Las dos galletitas de la oficina.
El pedacito de chocolate después de comer.
Individualmente parecen insignificantes, pero cuando se repiten durante el día también forman parte de tu ingesta total. 🫣
✨ Un déficit no se sabotea por un alimento. Se pierde cuando, de manera constante, consumes más energía de la que crees.