08/07/2026
En 2021, la Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoció el derecho de las personas adultas al libre desarrollo de la personalidad en relación con el autoconsumo de cannabis.
Cinco años después, ese derecho sigue enfrentando prácticamente los mismos obstáculos. La reciente resolución de la Suprema Corte no crea un nuevo derecho; vuelve a dejar claro que COFEPRIS tiene la obligación de respetarlo y garantizarlo.
Desde Alma Kozmica no celebramos que una autoridad cumpla con una obligación que debió atender desde hace años. Esperamos que COFEPRIS deje de obstaculizar el ejercicio de un derecho mediante trámites largos, requisitos excesivos, negativas injustificadas, citas con meses de espera y criterios discrecionales que han afectado a miles de personas.
El acceso a un derecho no puede depender del dinero, del tiempo, del nivel educativo o de la posibilidad de contratar un despacho jurídico. Debe poder ejercerse de manera sencilla, accesible, transparente y sin barreras administrativas innecesarias.
Exigimos que la emisión de autorizaciones se realice con un enfoque de derechos humanos, perspectiva de género, perspectiva de clase e interseccionalidad. No basta con que el trámite exista; debe ser verdaderamente accesible para todas las personas.
Las barreras burocráticas afectan especialmente a quienes más necesitan certeza jurídica: personas que utilizan cannabis con fines terapéuticos; niñes y adolescentes, a través de sus familias y personas cuidadoras cuando la legislación aplicable lo permite; personas con condiciones de salud y personas con discapacidad; personas cuidadoras; maternidades cannábicas y familias que han encontrado en el cannabis una alternativa para mejorar su calidad de vida. Fueron precisamente estas comunidades quienes impulsaron gran parte de los litigios que abrieron el camino para el reconocimiento de estos derechos en México y, aun así, hoy continúan enfrentando procedimientos complejos, costosos y desgastantes para ejercerlos.
Las mujeres usuarias de cannabis seguimos enfrentando, además, una criminalización diferenciada. Como madres, nuestro consumo continúa utilizándose para cuestionar nuestra capacidad de crianza, desacreditar nuestra palabra y someternos a procesos familiares donde persisten prejuicios profundamente arraigados.
Consumir cannabis no convierte, por sí mismo, a una mujer en una mala madre ni en una mala persona. Nuestra capacidad para maternar no se define por el consumo de una planta, sino por el amor, el cuidado, la responsabilidad y la protección que brindamos a nuestras hijas e hijos.
Cuando ejercer un derecho requiere tiempo, dinero y asesoría jurídica, quienes más resienten esas barreras son las personas cuidadoras, las familias, quienes viven con una condición de salud y las mujeres que sostienen las labores de cuidado. Los derechos deben adaptarse a la realidad de las personas, no las personas a la burocracia.
Por ello, exigimos que COFEPRIS garantice procedimientos realmente accesibles: simples, gratuitos, transparentes, expeditos y libres de obstáculos innecesarios. El reconocimiento de un derecho no es suficiente si ejercerlo sigue siendo un privilegio.
Asimismo, recordamos que el Estado mexicano mantiene una deuda pendiente: construir una regulación integral del cannabis basada en derechos humanos, evidencia científica, salud pública, reducción de riesgos y daños, perspectiva de género y justicia social.
Desde Alma Kozmica seguiremos acompañando, informando y defendiendo a las personas usuarias, a quienes utilizan cannabis con fines terapéuticos, a las familias, a las personas cuidadoras y a las maternidades cannábicas. Porque una política de cannabis verdaderamente justa no se construye únicamente con resoluciones judiciales, sino garantizando que todas las personas puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.
Los derechos no se mendigan, no se compran y no deberían depender del privilegio. Los derechos se garantizan. Y cuando no se garantizan, se exigen.