27/10/2026
Estoy sinceramente muy preocupada, como mujer y como madre de una niña, con todo lo que está pasando a nuestro alrededor.
Solemos creer que el progreso civil es una línea recta e irreversible, pero la historia y la sociología demuestran lo contrario: los derechos no son conquistas perpetuas, son equilibrios frágiles.
Para las mujeres, esta vulnerabilidad no es una hipótesis teórica; es el mapa actual del mundo. Mientras en diversas regiones del planeta se veta por ley el acceso de niñas y adultas a la educación, al trabajo y al espacio público sin tutela, en otras sociedades los consensos que creíamos consolidados, la autonomía sobre el propio cuerpo, la protección jurídica efectiva y la igualdad de oportunidades, vuelven a entrar en debate ante cada crisis económica o giro político. La evidencia histórica es implacable: libertades que llevaron un siglo en construirse pueden desmantelarse legislativamente en cuestión de meses.
Crecer en un entorno de derechos reconocidos genera una falsa sensación de inmunidad. Sin embargo, las libertades no vienen garantizadas por defecto ni se heredan en el código genético; se sostienen únicamente mediante la memoria, la vigilancia cívica y la responsabilidad social.
Lo que no se defiende de forma colectiva y constante, tarde o temprano se pone en juego.
No te olvides que tus derechos los tienes hoy, quizás mañana son pasado.